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domingo, 21 de octubre de 2012

LA VILLA SABOYA

By Aalto. 

Hoy voy a volver a mis “temas”: el diseño y la arquitectura.

Cada época de la historia de la humanidad tiene su “templo”, su edificio que la representa.

Cuando miramos al pasado y nos hablan de, por ejemplo, la antigua Roma,
 lo que nos viene a la cabeza es, sin duda, el Coliseo.
Si trata de la edad media: Notre Dame de Paris.
Del antiguo Egipto, las Pirámides.
Si se trata del Románico, todos coincidiremos que será la catedral de Santiago de Compostela.
De los Bizantinos, Santa Sofía en Estambul.
De la antigua Grecia, nadie dudaría que la representa el Partenón en Atenas.


Todas estas cosas las tenemos todo el mundo bastante claras.

Pero, ¿Y del siglo XX? ¿Cuál seria nuestro "Partenón"?
Dentro de unos siglos, ¿Qué va a perdurar de nosotros, de nuestra cultura?
Sin duda hay muchos edificios que pueden ser candidatos. 
Pero de todos ellos hay uno que gana por varios cuerpos.

Antes había hablado de arquitectos como Mies Van der Rohe (aquí) , Alvar Aalto (aquí)
Walter Gropius (aquí), Richard Neutra (aquí)  y otros de los que aún no he dicho nada, 
pero son igual de importantes, como Frank Lloyd Wright, Philip Johnson, etc.

Pero hay uno que sintetiza el cambio de la cultura occidental que ocurrió durante el siglo XX, 
se hacia llamar Le Corbusier aunque su verdadero nombre era Charles Édouard Jeanneret-Gris.

En realidad no era ni siquiera un arquitecto diplomado, 
pero dejó obras por todo el mundo y su influencia no deja de estar presente.

Su formación era la de pintor. 
Por eso sus diseños son menos rígidos y más escultóricos que los del resto de los arquitectos “modernos”.
Su obra más famosa y, al menos para mi aunque seguramente no soy el único, el Partenón del siglo XX,
 es una vivienda unifamiliar: la Villa Saboya.




Fue construida en 1929 y habitada por muy poco tiempo por sus dueños. 
Durante la segunda guerra mundial fue bombardeada y luego abandonada varios años. 


El gobierno francés la declaró patrimonio y la restauró. 
Desde entonces es una casa museo dedicada a la obra de Le Corbusier. 



Esta casa es una síntesis de todo lo que pensaba este señor sobre la arquitectura. 
Inventó el concepto de “Maquina de Habitar”
Entendía la construcción como una industria, se inspiraba en los barcos, en las fabricas, en el ferrocarril…
Aquí están materializados los 5 puntos de la arquitectura que Le Corbusier consideraba imprescindibles:

1.- La casa sobre pilotes.
2.- La independencia de los cerramientos y la estructura. Es decir que las columnas, por ejemplo, no condicionaran la distribución de la vivienda. Los tabiques “van a su aire”.
3.- La ventana alargada. Así entra mucha más luz que en una ventana vertical.
4.- La cubierta plana y la terraza jardín.
5.- La fachada es independiente de la estructura, o sea, 
que la fachada es un reflejo libre de lo que hay dentro.

Podría estar en cualquier parte, esta posada sobre la tierra como si fuera un ovni. 
Hoy este concepto lo podemos ver en lo que se llama la arquitectura “Internacional”, que da igual en que parte del mundo estemos, todo se ve más o menos igual. Esto no me parece muy bueno que digamos, 
pero es sin duda lo que marca esta época.

Su idea del mundo y de la sociedad estaba alejada de los palacios y templos, era mucho más democrática, más a escala humana, aunque también hizo edificios enormes e inspiró muchos otros, 
como el de las Naciones Unidas en Nueva York, o ciudades enteras como Brasilia.

De hecho  inventó un sistema de medir las cosas en vez del metro o las pulgadas, 
el “Modulor”, que estaba basado en el cuerpo humano y sus proporciones.


Diseñó también mobiliario y no solo se quedo en ésto. 
Casi todo el urbanismo moderno y la configuración actual de las ciudades europeas salió de su cabeza.
Fue el gran teórico y propagandista del siglo XX e influyó, e influye, en todos los demás.



Espero que estas notas les hayan resultado interesantes, 
porque dentro de, digamos, 300 años y se hable de nosotros, esta casa estará presente.

Gracias por sus visitas y sus comentarios.

Aalto.


domingo, 5 de agosto de 2012

ARQUITECTURA: UNA FOTOGRAFÍA

by Aalto

Esta historia empieza, para mí, allá por 1982. El año anterior estaba en mi 3º año de Ingeniería Industrial, un poco a trancas y barrancas. Estaba en esa carrera un poco por imperativo familiar, otro poco por desorientación juvenil y otro poco por inercia. Tuve un accidente bastante grave en una mano, y aunque muy jovencito, me replanteé muchas cosas, entre ellas mi carrera. Me gustaba inventar, crear, darle forma a cosas, me consideraba un artista un poco frustrado. Me chiflaba la pintura y la escultura, pero no me animaba a dar el paso, me parecían cosas poco serias, pero no encontraba nada que me llenara en ese sentido.
                Así que me armé de valor, abandoné ingeniería, y me presente al examen de ingreso de Arquitectura, lo que me pareció en ese momento que se podía acercar más a lo que en el fondo me gustaba, eso si, un poco a la aventura, a ver que pasaba.
                 El examen pintaba durísimo, sobre todo para mi que tenia la mano y parte del brazo derecho escayolado. En resumen era un curso en la universidad que duraba dos meses, todo sobre arquitectura, dibujo e historia, donde se rendía los viernes un examen de lo visto esa semana y quien no lo aprobara, fuera. Eran otros tiempos y otros lugares…
                Sorprendentemente lo aprobé, y con nota. Ingrese en Arquitectura, repito, sin saber muy bien en que me metía.
                Empiezan las clases y voy entrando en materia: Introducción a la Arquitectura, a sistemas constructivos, a instalaciones, a sistemas visuales, historia y estructuras.
                Y entonces llegó. En una clase nos estaban contando un poco por encima cosas sobre la historia del arte y la arquitectura del siglo XX, para que nos vayamos enterando, cuando apareció esta fotografía:


Esta es una de las entradas del edificio del Ayuntamiento del pueblo de Saynatsalo, en una pequeña isla, en un lago interior del sur de Finlandia. Un edificio de los años ’50, diseñado por un señor que se llama Alvar Aalto. De aquí viene el apodo que elegí para firmar las cosas que vaya a escribir aquí.
                El edificio es muy modesto para lo que estamos acostumbrados ahora, sobre todo por aquí, Valencia. Pero esta foto me emocionó, fue el catalizador que terminó de convencerme de que esta vez había elegido bien, esto es lo que me gustaba (y gusta).



                Ladrillo visto, modesto pero noble, estructura de techos de madera local siguiendo técnicas renovadas de los artesanos del sitio, con maestría y sencillez. Una escalera exterior que parece más un montón de jardineras una encima de otra, para subir pisando el césped. Un edificio a escala humana, nadie se puede sentir agobiado aquí.



                En resumen, el edificio tiene otros muchos meritos que no voy a detallar ahora, y hay vistas mucho más bonitas tal vez que las que muestran estas fotos, pero esta imagen no se borro nunca de mi memoria, es un compendio de lo que entiendo por ARTE, en mayúsculas. Es algo personal, lo sé, seguramente esta foto no despierta nada en casi nadie más, tal vez solo signifique algo para mi.
                Lo cierto es que seguramente todos tenemos nuestro icono, y este es uno de los míos, no el único, pero si muy importante.



                Hoy me hace pensar en otras cosas: en la sencillez de las cosas buenas, en la sensatez, en la nobleza, en la verdadera belleza, en la honestidad e integridad intelectuales y en los valores sanos que nos hacen humanos. Todas cosas muy antiguas hoy, lo se. Pero que pena…
Alvar Aalto, por ejemplo, proyectó un sanatorio para tuberculosos en un sitio que se llama Viipuri, donde diseñó los lavabos, no para que sean bonitos (que lo eran), ni de "DISEÑO", sino para que al abrir el grifo el agua no salpique hacia arriba para disminuir el riesgo de contagiar a otros. Sensatez, nada más.
                En este mundo nos hacen creer que no tenemos nada que aprender ni rescatar de nuestros mayores, eran muy lentos, tenían muchos escrúpulos, no eran innovadores, no sabían lo que significaban palabras como sinergia, externalización, entrepreneurship ó leadership, todas cosas muy importantes en las escuelas de negocios de hoy en día.
                Nos olvidamos de la escala humana, y esa foto me la sigue recordando.
                Este edificio hoy en día esta en pleno uso, impecable, con un bajo mantenimiento, veremos si dentro de 60 años están así las, por ejemplo, “calatravadas” de Valencia
                Insisto, que pena…


Aalto

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