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jueves, 22 de noviembre de 2012

NOTRE DAME DU HAUT ES POESÍA

by Aalto

Hoy quiero hablar de poesía… o algo parecido
Antes ya había comentado cosas de uno de los principales arquitectos del siglo XX, Le Corbusier, pero esta vez quisiera traer una obra específica.

¿Por qué? Bien, para mi tiene una historia. Uno de los mejores profesores de historia que tuve en la Universidad, con el que, con el tiempo, nos hicimos bastante amigos, me confesó que cuando era joven (lo conocí ya bastante mayor) era estudiante de medicina. Sus padres le regalaron un viaje por varios países de Europa (eran otros tiempos…) y se paseó por Francia.

Allí vió esta iglesia que comentaremos ahora. Fue verla y cambió su vocación y el resto de su vida obviamente. Algo parecido me pasó a mi, que estudiaba ingeniería industrial y en tercer año cambié de vocación y carrera, pero por motivos también algo poéticos, pero sin duda menos glamurosos.

Bien, vamos a la obra de la que os quiero hablar.
Esta iglesia fue construida entre 1950 y 1955 en Ronchamp, y como se ve en la foto, se encuentra en un sitio elevado y aislado. El sitio es precioso.


A pesar de haber sido diseñada por un arquitecto MODERNO, no tiene ni una sola línea recta, ni un solo muro o tabique plano o vertical, y su cubierta es cualquier cosa menos plana, casi parece un sombrero.


Además, si se ve en detalle, los muros parecen no tocar el techo, hay una rendija por donde pasa la luz del sol, como si no pesara nada, como si flotara, ¡y todo esta hecho de hormigón!. No hay nada de color, todo es blanco o gris.


Pero donde reside realmente el encanto de esta iglesia es en su interior: el tratamiento de la luz es una maravilla. Tiene un montón de huecos/ventanas rectangulares, todas distintas y que además tienen cristales de colores. Solo la luz aporta color, y esto únicamente depende del sol, de la hora del día, de las nubes... de Dios.

Los huecos son en realidad muy pequeños, aunque parecen grandes. Tamizan la luz y es mágica, es poesía inmaterial, luz divina…


El templo está en un sitio retirado, el interior es austero y con una luz que recuerda a la de las iglesias góticas y sus vidrieras coloreadas, los muros tienen un espesor inmenso y eso aumenta el silencio y la sensación de recogimiento. Además no hay uno solo adorno, ni moldura, ni nada que distraiga, solo muros de hormigón, que parecen hechos de plastilina, con un montón de agujeros por donde entra la luz y el color, lo único que parece importar.


En resumen, es un espacio religioso con formas de escultura, con espíritu gótico, pero ni una sola forma gótica, moderno, pero sin ni una sola referencia a la arquitectura moderna o racionalista. O sea, algo totalmente irracional, pero con encanto, con magia, con poesía, incluso con religiosidad.

Y lo más gracioso de esto es que Le Corbusier era un convencidísimo ateo.

Espero que este edificio tan singular les haya gustado, y ojalá emocionado como a muchos de nosotros, y si van por allí no dejen de verlo, no se lo pierdan…

Gracias por sus visitas y comentarios.

Les deseo un feliz día.

Aalto

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