En el levante tenemos mucha suerte: contamos con playa y disfrutamos del sol y de buenas temperaturas casi todo el año. Pero como todo en la vida, este clima también tiene su parte menos amable. Aquí cuando llueve, diluvia. No cae una lluvia como en otras partes, regular y sostenida en el tiempo que no impide continuar con la marcha habitual de las rutinas diarias. Tenemos la mala pata de que no veamos la lluvia en meses, y de repente caigan un montón de litros por metro cuadrado en una hora causando verdaderos destrozos.
En verano y sobretodo en otoño siempre hay temporales que ocasionan muchos daños. Año tras año. ¿Deberíamos estar preparados para hacerles frente? Supongo que sí, porque la historia siempre se repite, pero la realidad nos dice que no... por aquí ninguna infraestructura está preparada para soportar estos diluvios otoñales y cada año sin falta vemos carreteras y vías férreas inundadas, pasos inferiores y túneles cortados, atascos monumentales, trenes y vuelos cancelados, viviendas destrozadas por el lodo, caminos intransitables pueblos incomunicados... en fin... lo de siempre.
¿Por qué? ¡Es la pregunta que yo me hago!
¿Acaso no tenemos buenos ingenieros que puedan dimensionar, planificar y ejecutar obras públicas eficientes que solventen esos problemas, evacuando y drenando el agua en esos casos?
No, no es ese el motivo, y doy fe de ello ya que yo misma soy ingeniera de obras públicas y sé exactamente, igual que mis compañeros de profesión qué hacer para que estas catástrofes no ocurran.
¿Acaso no tiene la administración pública dinero para ejecutar dichas infraestructuras necesarias para acabar con las inundaciones?
No debería ser ese el motivo, puesto que hacer las cosas BIEN, cuesta lo mismo que hacerlas MAL, y por aquí... todas están mal hechas, sino no se verían cada año estos destrozos.
Además si hubo dinero para un grandioso aeropuerto en Castellón, que a día de hoy no se ha utilizado, para la Ciudad de la Luz de Alicante, estudios cinematográficos que costaron un fortuna y actualmente están desiertos o si lo hubo para crear un gran hemisferio, un museo de ciencias, un palacio de opera y un edificio "multiusos" que sólo se usa dos veces al año en la Valencia Fashion Week y en el Master 500 de tenis (estoy hablando de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y del Agora, que han sido carísimas), no creo que no lo hubiera para hacer un proyecto de evacuación y drenaje de agua, en condiciones, visado por verdaderos profesionales, para evitar estos estropicios otoñales que afectan a toda la población levantina.
¿Por qué entonces?
Dejo la pregunta en el aire, ya que después de que el sentido común de todos los que vivimos por aquí, nos diga que no tiene lógica ver repetidamente en la televisión cada año los estragos que causan los temporales en levante, como si fueran inevitables o como si fueran algo inesperado.
Son evitables, y no son inesperados... por tanto debería tener una solución más sencilla o más complicada, pero debería solucionarse al fin y al cabo. Se puede y se debe.
La noche del 28 al 29 de septiembre, tuvimos uno de esos temporales, a los que tan acostumbrados estamos. El balance fue todo lo anteriormente descrito (carreteras y vías férreas inundadas, pasos inferiores y túneles cortados, atascos monumentales, trenes y vuelos cancelados, viviendas destrozadas por el lodo, caminos intransitables, pueblos incomunicados...) y para colmo, ésto: dos barcos varados en la Playa del Saler, una de las más cercanas a la ciudad de Valencia.
Como entenderéis esto si que ha sido noticia. Estamos acostumbrados a muchas cosas, pero a ver a dos mercantes como éstos a escasos metros de la arena donde en verano tomamos el sol... no, a ésto no estamos acostumbrados. Esto si que ha sido chocante.
Así que es normal que haya sido la atracción de los curiosos que querían ver y fotografiar el "evento" (lease con ironía...), entre los cuales nos incluimos. Os puedo asegurar que parece increíble que estos gigantescos barcos puedan estar tan cerquita de la costa con todo el casco fuera del agua, y digno de ver eran los esfuerzos que los remolcadores hacían para intentar mover semejante moles, sin ningún éxito.
Mi marido, se tronchaba de la risa al ver semejante despropósito. Él ha trabajado durante años en ingeniería naval y me explicaba porqué era imposible que así consiguieran mover los buques.
A día de hoy siguen los dos barcos varados. Leo con atención los periódicos y estoy al tanto de las nuevas "estrategias" para rescatar los navíos. De momento hay ya dragas que están abriendo un canal en la arena para posteriormente ser remolcados. La cosa pinta mal y me da a mi en la nariz que tendremos historieta para rato... porque aún no se ha acabado ésto.
Lo peor de todo, es el daño que se le está haciendo a la playa en los intentos, hasta ahora fallidos, de reflotar los barcos varados. ¿Podremos bañarnos en esa playa el verano que viene como si no hubiera pasado nada? Os mantendré informadas.
Estas fotos fueron tomadas a los dos días de quedar los barcos encallados, cuando aún era gracioso contar la anécdota. Después de TRES SEMANAS de que el problema siga ahí, y lo que le queda, ya no es tan gracioso...
Look veraniego adaptado a las temperaturas que estamos teniendo últimamente (aunque parece que ya ha cambiado el clima en muchas partes del país), y estrenando la pamela, regalo de cumple que os mostré
aquí.
No veáis que bien viene para protegerse del sol, ese gran enemigo de la piel tersa y sin manchas. Aprovecho para recordaros que no descuidéis vuestra protección solar ni siquiera en invierno. Si salís a pasear, como en mi caso, usad sombreros y siempre aplicaros cremas con FPS de 15 como mínimo.
Gracias a todas por vuestras visitas y comentarios.
Os deseo un día muy feliz.
Ro100