jueves, 23 de agosto de 2012

¿DÓNDE ESTÁ EL ESTILO?

Éste no es un escrito mio. El artículo es de una periodista llamada Marta Rivera de la Cruz, y me gustó tanto cuando lo leí que he querido compartirlo con vosotras.

"No hay nadie en el mundo privilegiado y acotadísimo de la alta costura que no conozca a André León, editor de moda de Vogue USA y lugarteniente de la poderosa Anna Wintour. André León, ha alcanzado la categoría de semidiós desde la atalaya privilegiada de la que se considera la mejor revista de moda del mundo. 

Un comentario suyo es capaz de hundir una colección o de aupar a un diseñador al olimpo de los grandes. Es admirado y temido a partes iguales. Si se retrasa a su llegada a un desfile, uno asistirá a un amago de crisis entre los responsables de comunicación, que saben que el espectáculo no puede empezar sin él. 

André León, aparecerá envuelto en una nube de flashes tan abrumadora como las que preceden a las celebridades. De todos modos, no podría pasar desapercibido aunque quisiera: es una mole negra de más de un metro noventa de estatura, hombros poderosos, rostro intenso, de gruesos labios y ojos penetrantes y amenazadores. 

Viste con una extravagancia alarmante al borde del precipicio del ridículo, del que está a salvo por experiencia, charme y carácter. André León usa pajaritas doradas, abrigos de pieles, túnicas africanas, fular de seda y tocados que resultarían absurdos vistos en alguien que no fuese él. 

No hay nadie tan seguro de sí mismo, tan consciente de su poder como tirano de la moda, como árbitro supremo del destino de diseñadores y firmas de lujo.



Alta costura. París hace unas cuantas temporadas atrás. André León y Anna Wintour se sentaban en el coto privado de la primera fila, agasajados por los anfitriones, bombardeados por los fotógrafos , conscientes de ser el centro de atención de todas las miradas y el tema de conversación de una parte de las conversaciones.

De pronto,alguien tocó suavemente el hombro de André León. Se volvió, para descubrir frente a él a un hombrecillo entrado en años, que venía de las gradas donde se dan cita los menos favorecidos por el destino  y el favor de los creadores. 

Aquel hombre que reclamaba tímidamente la presencia de León, era quizá una vieja gloria del periodismo de moda, o a lo mejor un editor que no había alcanzado nunca la tierra prometida del font row



Sea como fuere, el editor de Vogue se puso en pie para abrazar al desconocido, le presentó a Mrs. Wintour y se enredó con él en una intensa y afectuosa conversación, que fue interrumpida por uno de los relaciones públicas: el desfile estaba a punto de empezar. 

Aquel hombre debía volver a su sitio en el gallinero, y André León a su asiento dorado en la primera fila. Entonces León hizo lo que nadie esperaba: sentó en su lugar de privilegio a aquel hombre que nadie conocía, y a pesar de la débiles protestas del interesado (y del desconcierto de del responsable del evento)  buscó acomodo en una de las escaleras centrales.

Las luces se apagaron, comenzó la música, y una legión de hadas quebradizas envueltas en modelos inalcanzables, empezaron a deslizarse por la pasarela, mientras un gigantón negro enfundado en una imposible chaqueta de piel las observaba con ojos de águila desde una incómoda escalera, al tiempo que alguien que casi nadie conocía ocupaba su sitio en el front row

Y en ese momento, con las piernas encogidas, la espalda doblada y su enorme esqueleto hecho un poco glamuroso ovillo, André León se convirtió en el paradigma de la elegancia en estado puro.


Elegante. Los expertos en moda llegan siglos intentando explicar qué significa ser elegante, y el común de los mortales ha acabado haciéndose un complicado batiburrillo de reglas a seguir, códigos que respetar, además de aceptar que la verdadera elegancia es coto cerrado de ricos y famosos, compradores de alta costura y pasajeros del "Blue One". 

Sin embargo, la inmensa lección de estilo que dio André León es fácil de aprender. Pasamos demasiado tiempo llamando elegante a una mujer guapa y bien vestida, sin pararnos a pensar que la elegancia es una cosa mucho más complicada... o mucho mas sencilla. 

Algo que no es privativo de los privilegiados en la escala social, sino que se encuentra al alcance de cualquiera dispuesto a cultivar unos máximos de sensibilidad en el trato con los demás, de autocontrol y de confianza en uno mismo. 

No es fácil que tengamos ocasiones de lucir un modelo de alta costura, de caminar por una alfombra roja o de bajar la escalerilla de un jet privado. Pero, a diario, se nos presentarán de ocasiones para practicar con otros el comportamiento de André León. 

Tenemos la elegancia al alcance de la mano. Practiquémosla media docena de veces al día."

Espero que os haya gustado la lectura tanto como a mi.

Muchas gracias por vuestras visitas y comentarios.

Os deseo  un feliz día.

Ro100

4 comentarios:

  1. HOla preciosa:
    Que razón tienes, me ha gustado mucho el artículo. Siempre he pensado que la elegancia es innata, es como que fuera en los genes, hay gente que posee ese don (independientemente de sus estatus o condición social) y no solo para la moda. Para mí algunas personas son elegantes en otras facetas, en el plano personal, profesional, familiar, etc....y todo lo que hacen es digno de admiración.
    Pues lo dicho: ¡a practicar la elegancia en todas las facetas de nuestra vida!
    Besos
    Nu

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  2. Me alegro un montón que te haya gustado el artículo. A mi me hizo pensar las mismas cosas.
    Un beso enorme guapa!!

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  3. Me a gustado el relato...y totalmente de acuerdo que la elegancia no se puede comprar

    http://mibanoenruinas.blogspot.com

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  4. Hola preciosa muy buenos días el estilo lo dejo dentro de la casa porque no veas, aunque reconozco que tiene su punto con el gaftán...
    Un besazo y feliz día pequeña.
    http://mary1975.blogs.elle.es/

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